|
|
Muchos creen que mi padre fue piurano y aun
cuando esa bendita tierra lo proclama como hijo suyo también; él
nació en el departamento de Lambayeque.
Fue un 24 de abril de 1922, en un pintoresco pueblecito, igualmente llamado Lambayeque de este norteño departamento, donde naciera Fidel
Eleuterio Ramírez Lazo. En realidad el nombre Eleuterio se anteponía
al de Fidel. En aquellos tiempos era muy común bautizar a los recién
nacidos con los nombres de los santos correspondientes, que
aparecían en los calendarios, de acuerdo a la fecha del nacimiento.
Eleuterio fue su primer nombre, pero nunca le gustó y tan luego tuvo
conciencia de ello, se hizo llamar siempre por su segundo nombre,
Fidel.
Su padre, mi abuelo, fue don Javier Ramírez Tejada, a quien él
describía como “...un tipo muy conversador y apuesto, de ojos
profundamente negros; igualmente de bien pobladas cejas, que usaba
su bigote a la manera de Ronald Colman, (un artista cinematográfico
que triunfaba en aquel entonces). ...Tenía tez morena, tostada por
el abrazador sol de aquellas tierras norteñas”.
Eran tierras plagadas de campiñas y zonas desérticas en donde
abundan los algarrobos; árboles típicos de la zona, de bellas flores
púrpuras de cuyo fruto, una vaina de color castaño y sabor medio
dulcete, se extrae la algarrobina, alimento con cualidades
vitamínicas bastante conocidas.
En conversaciones familiares, siempre escuchaba decir que mi abuelo,
enamoraba a quien después sería mi abuela, María Esther Lazo
Pizarro, cortejándola desde un brioso corcel. Entonces aún no
existían los automóviles, siendo el medio principal de transporte,
los caballos, las mulas y los burros o asnos. A estos últimos, los
criollos del lugar, habían bautizado como “piajeno”, vocablo que
parece ser derivado de “pie ajeno”, como lo aseveran algunos
conocedores de las leyendas y mitos, costumbres e idiosincracia de
aquellos pueblos. Para decirlo más claramente: “pie ajeno”, el del
burro.
Mi abuela María Esther, perdió a su padre siendo muy niña, razón por
la que su madre Genara Pizarro Alcántara, matrona de férreo caracter
y descendiente directa del conquistador Francisco Pizarro; tuvo que
hacer las veces de madre y padre para ella.
Les tocó vivir en una época y zona en que existían muchos abigeos,
decidiendo buscar un lugar más calmado.
El departamento de Lambayeque, es una campiña arrocera por
excelencia; tiene muchos pueblecitos, cada cual más pintoresco que
el otro y de un misticismo desbordante. De Ferreñafe, en dode se
venera al “Señor de la Justicia”, pasaron a Jayanca; de allí al
pueblo de Lambayeque, donde abunda el “Huerequeque”, animalito de
cuerpo pequeño, grandes ojos y largas patas, al que algunos
domestican como guardián y mascota. Pese a su frágil apariencia, es
tan agresivo como el mejor entrenado perro guardián. Encariñado con
este animalito; Fidelito, optaría por hacerse llamar años más tarde
el “Cholo Huerequeque”, durante su trayectoria como maestro de
ceremonias en la televisión peruana.
Mi abuela y sus familiares, en su largo caminar; siguieron luego a
Mochumí, hasta que al fin el pueblo de Pacora les deparó un poco de
calma en su peregrinaje. Allí en una de las fiestas patronales en
honor a San Pablo de Pacora, mis abuelos se conocieron y el tiempo
se encargó de mostrar el resto.
***
Mi padre, siempre me enseñó a querer las tierras de sus “mayores”;
los lugares que lo vieron nacer y crecer; pueblos que solía recorrer
una y otra vez. Años más tarde, durante mi juventud y adolescencia,
cuando la nostalgia me acosaba; esa tierra me “jalaba” y sentándome
al volante de mi automóvil, me dejaba llevar dejando atrás la densa
atmósfera del ambiente limeño. Gozaba durante las casi doce horas de
manejo a través de zonas casi desérticas entre uno que otro pueblo
enmarcado a lo largo del camino. Cuando adquirí más experiencia,
podía recorrer esa misma distancia en 8 horas. ¡Qué bellos y
nostálgicos tiempos!
Eran aquellos viajes, como largas horas de sosiego, a través de la
carretera en medio de la quietud o bullicio de infinidad de parajes
diferentes. “Bellas montañas, ...hermosas sierras, ...risueñas
playas”; como dice la canción; además de verdes campiñas o inmensos
desiertos; cuyo silencio era quebrado solamente por el rugido de los
motores de vehículos devorando el serpentín asfáltico en ruta hacia
su destino.
Un café muchas veces ofrecía el encuentro ocasional con algún
conocido. De tantos viajes, mucha gente me reconocía, sobre todo los
“camioneros”, término que lo uso en el mejor sentido de la
expresión. Mi abuelo Javier, también contaba por aquel entonces con
una flota de camiones “Volvo” y “Scania”, que hacían viajes entre
Lima y Tumbes. Todos tenían el mismo nombre: “Mi Consentido”,
enumerados del uno al cinco. Mi padre nos contaba que el primero de
ellos había sido un Ford del año 1930 y parte de la familia manejaba
alguno de estos vehículos como el tío Humberto "Nana"; el tío Feliciano,
llamado cariñosamente “Nacho” y el tío Juan a quien le gustaban
grandemente las rancheras. Esos encuentros familiares o amigables en
el camino nos llevaban a festejar a la mejor manera norteña y como
versa el refrán: con “chicha en poto” y “mero en mate”.
“Adorar la Santa Tierra”, era la frase preferida
de mi padre. El añoraba aquellos pueblos provincianos, donde se vive
en una constante comunión con la naturaleza. Aun hoy debe ser igual.
El canto del gallo marcando el inicio de un nuevo día, lleno de
labores en el campo, sin descansar hasta que el astro rey filtraba
sus vespertinos rayos en el horizonte. Pueblos, montes y cañadas;
lugares recónditos y escondidos, donde su humilde gente, tiene
siempre el corazón abierto y la mano extendida, para ayudar al
prójimo. Lamentablemente, en la medida en que éstos llegan a conocer la vida en las
grandes urbes, van perdiendo todo ello; dejándose arrastrar por el
monstruo de la llamada “modernización”.
Mi padre, siempre recordaba con mucha nostalgia aquellas campiñas que
conocieron de sus infantiles y juveniles vivencias. El trinar de los
pájaros; el silbido del viento a su paso entre las ramas y hojas de
frondosos árboles; el olor húmedo de la tierra al ser bañada por las
lluvias torrenciales de aquellos parajes. Todo aquello es algo que
aun hoy parece detener el tiempo, cuando por asociación de ideas,
puedo reproducir mentalmente toda aquella sinfonía ecológica, de la
misma forma en que él la hacía. Fue en aquellos lugares donde inició
su lucha contra el tiempo, para hacerse hombre desde sus muy tiernos
años. Allí, en Lambayeque dio sus primeros pasos; creció sus
primeros años y le tocó vivir sus primeros momentos difíciles.
***
El abuelo Javier tenía un alambique en el que
mediante un proceso especial, extraía el néctar de la caña,
produciendo un aguardiente muy agradable, al igual que otros tipos
de licores. Estaba ubicado en la ciudad de Ayabaca, en la frontera
con el vecino país Ecuador; pueblecito donde todos los años para el
12 de octubre, se rinde homenaje al “Señor Cautivo”, a cuya feria se
desplazan caravanas de autos, camiones, omnibuses o “góndolas”,
llenas de fervientes seguidores. Otros llegan a pie, a caballo, mula
o “piajeno”. Muchos inician esta larga procesión, desde el costado
del cementerio de Sullana, en un recorrido lleno de peripecias; más
aun, si la madre naturaleza desencadena sus torrenciales “aguaceros”.
En aquellos parajes, las noches que son de una increible obscuridad,
nos permiten apreciar el infinito lleno de astros refulgentes,
hablándonos de la inmensidad del universo y su Creador. Parecería
que uno se encuentra en la parte más cerca del cielo.
Las calles de Ayabaca, acondicionadas para la feria, durante su
desarrollo se ven abarrotadas de comerciantes y kioskos, expendiendo
comidas típicas, bocadillos y “colaciones” (dulces característicos
de la región). La gran cantidad de visitantes y sobre todo creyentes
del “Señor Cautivo” que llegan para brindarle tributo, comparten en
conjunto la algarabía general, antes y después de la procesión de su
venerada efigie. Todos saborean las viandas preparadas con tanto
esmero para la ocasión; las que son hechas con recetas típicas de un
pueblo cuya cocina tiene fama internacional.
Recuerdo el famoso “canelazo”, una mezcla de aguardiente de caña con
una infusión de canela bien caliente; muy agradable, con el que cubría el frio, sintiendo un agradable abrigo interior, cuando la
temperatura descendía.
De todas aquella zonas, que mi padre adoraba, solía recordar a los
Niño Ríos, los Núñez, los Lee, Miguel Timoteo, entre otros. Amigos
de mil y una aventuras, a quienes apreciaba mucho. Esta tierra de
Ayabaca, colinda con Macará al otro lado de la frontera en Ecuador.
Entonces no existía el visado especial o salvoconducto para
traspasar aquella línea divisoria y matizando sus estudios con el
trabajo iba y venía cruzando muchas veces el torrentoso río Macará,
sólo, desde cuando contaba con apenas seis o siete años de edad.
Precisamente, recuerdo que en una de mis
vacaciones durante los primeros años de Secundaria; me envió a
la casa de una familia Niño Ríos que vivía en Chipillico, un pueblo
en la serranía de Piura, muy cerca de Anchalay. El viaje lo hice
arriba de la caseta de un camión, cuyo dueño, un Sr. Montero,
también conocía a mi padre. El Sr. Niño, me recibió gratamente,
siendo muy amable. Solía llevarme a cazar muy de madrugada con una
linterna y una honda. Cazábamos palomas silvestres que luego su
esposa preparaba en deliciosos platos con tallarines. Fueron días
muy agradables, que los viví en constante contacto con la naturaleza.
***
Mi padre, siempre recordaba con tristeza el sepelio de dos de sus hermanitos
mayores, ocurrido en 1928; suceso que marcaría un doloroso pasaje en
su vida.
En 1929, luego de cursar su primer año de primaria en la
ciudad de Paita, puerto desde donde la Luna se puede apreciar en
mayor dimensión; realiza su primer viaje a la capital. Aun no
existían carreteras, haciendo su viaje por mar en un barco caletero
llamado “Urubamba”. Llegaba así a un nuevo mundo, extraño e inmenso
comparado con la campiña en la que había estado viviendo. Esta gran
urbe, años más tarde sería escenario de sus grandes triunfos.
En Lima, vivió en el barrio de "El chirimoyo”, en los jaraneros y
criollos Barrios Altos, donde vivieran también, entre otros grandes
de nuestra música, Graciela y Noemí Polo
“Las Limeñitas”; simpáticas damas quienes nos merecen mucho respeto por su sencillez. Hace
algunos años, nos fue grato encontrarlas luego de mucho
tiempo, cuando llegaron a New York en gira artística. Pudimos
recorrer imaginariamente en el tiempo, parte de la carrera radial de
mi padre. Graciela y Noemí, tuvieron la oportunidad de trabajar con
él por muchos años y supieron brindarnos una grata evocación de
aquella trayectoria.
Allí en los Barrios Altos termina su Educación Primaria, en el
colegio “República Argentina”. De sus años de estudiante, recordaba
con gran aprecio a su profesor David L. Sulca, quien siempre apoyaba
sus primeras presentaciones en las actuaciones que se desarrollaban
en el patio principal del plantel.
A sus 13 años de edad, la familia
se traslada a Chosica. En esta nueva etapa de su vida, separados sus
padres; tiene que ayudar al sustento familiar, al que aporta
realizando labores humildes como canillita, vendedor de loterías;
limpiando lápidas en el cementerio, apañando algodón, etc.
El trabajo, fuere cual fuere su manifestación, nunca lo amedrentó.
Su Madre, María Esther, heredera del carácter férreo de su propia
madre, inculcaba en sus hijos y con mano dura; el amor al trabajo, a
la honestidad y al estudio.
Uno de los primeros pasos en lo que años más tarde sería su mundo,
tuvo lugar un día de los tantos que le tocó trabajar limpiando mesas
en un pequeño restaurante de un hotel en Chosica llamado “Mi Casa”;
donde todos los domingos, amenizaba los almuerzos un pianista, que
años más tarde sería también muy famoso. Mi padre tarareaba y
cantaba muchas canciones, sobre todo tangos y valses. La madre
naturaleza lo había dotado de un buen timbre de voz.
El tango imperaba en aquel entonces y era el incomparable Carlos
Gardel, quien enseñoreando sus interpretaciones, lo mantenía vigente.
Mi padre, quien adoraba esta expresión musical, cierto día da rienda suelta a la
osadía de la que siempre hizo gala y se atreve a cantar ante el
púbico asistente. Le pide al pianista que lo acompañe y éste a su
vez, temeroso de pasar un mal rato, le pide que le cante al oido
algunas de las estrofas de lo que iba a interpretar y luego de
escucharlo acepta. Los domingos siguientes, las actuaciones se
repetirían.
El pianista al que aludimos y que fue quien
realmente lo inició en el ambiente artístico, fue nada menos que Don
Filomeno Ormeño, de gran trayectoria dentro de la música peruana.
Algunos años más tarde, vuelve a Chiclayo. Cursa su educación
secundaria en el Colegio San José y en el San Ramón de Huaquillas.
Durante sus vacaciones, no deja de visitar a su padre, a quien ayuda
en las labores del alambique. La campiña no había cambiado mucho,
pero necesitaba ese reencuentro espiritual con la tierra que lo
había visto nacer.
Pasaron algunos años después de aquellas primeras
notas en aquel lejano hotel en Chosica. Durante ese tiempo, también
aprendió a tocar el piano como la guitarra y acompañado de estos
instrumentos, mostraba sus aptitudes tanto en reuniones familiares
como sociales, donde era el centro de atención, gracias a su
magnética personalidad.
Siempre tuvo muy arraigado el gusanito de la locución. De alguna
forma su madre lo encaminó hacia ella, ya que desde muy niño lo
hacía leer y releer revistas o diarios. En aquel entonces se
mantenía vigente aquello de que “la letra con sangre entra” y cada
mala pronunciación o vocalización le costaba un buen reglazo.
El tenía la curiosidad de escuchar en la radio de onda corta de su
padre, las radioemisoras argentinas e ir vocalizando, aprendiendo la
forma apropiada de narrar una noticia o presentar un programa en
vivo. Fue una especie de hobbie que cultivó por espacio de muchos
años. Recuerdo los años de mi niñez, cuando solía verlo sintonizar
un inmenso radio RCA que teníamos en la sala de casa. Ese gusanito
me contagió y por muchos años; más tarde fui
radioaficionado
incursionando en las bandas de 11 y 20 metros. Cuando me encontraba
en Lima, nos comunicábamos constantemente por este sistema, con Javier "Tito", mi
hermano, quien ya vivía en New York desde 1975.
***
La primera incursión en forma profesional de mi padre; fue en Radio
Delkar de Chiclayo, cuyos primeros estudios estuvieron ubicados
entre las calles Santa Inés y Ganaderos, nombres que posteriormente
cambiaron a Sáenz Peña y Tacna respectívamente. En ella inició su
carrera radial, luego de asistir tentado precisamente por un
concurso que dicha emisora estaba organizando para incrementar su
plana de locutores. Su Director-Propietario, el Sr. Carlos Montjoy,
pasó por alto lo del concurso al escuchar su bien timbrada voz y así
ingresó inmediatamente a formar parte de dicha emisora con un...
“fabuloso sueldo de S/. 60.00 mensuales”, como muchas veces él lo
recordaría.
Permanece en Radio Delkar por espacio de 6 meses; época que siempre
tendría presente; y cuando evocaba
aquellos primeros años, recordaba a cantantes y artistas como Víctor
Millones, Enrique Quesnay, Salvador Odar, Anita Soto, Víctor Mendoza
Escurra, José del Carmen Niño, Polito Bedolla y Emilio Santisteban
Niño. Mas tarde llegarían desde Lima, artistas de más renombre como Eloisa
Angulo, Paco Cabrejos, Joel Bejarano, Ismael Hoyos y muchos de ellos,
precisamente
lo animarían a tentar suerte en la capital.
Con Néstor Chocobar, (su verdadero nombre era Héctor), famoso cantante chiclayano, muy
amigo suyo; mi padre analiza su meta de trabajar en Lima, la capital. Este
lo apoya y así, sin pensarlo mucho decide viajar nuevamente a la
ciudad, donde pasara gran parte de su niñez.
Lleno de ambiciones decide probar suerte en
emisoras más importantes y así lo decide. Dejar el terruño, siempre
implica una serie de cambios. El mismo hecho de la posible ausencia,
desata una serie de sentimientos nostálgicos por nuestra misma
idiosincracia. Muchos somos demasiado emotivos, nos cuesta dejar
atrás nuestra tierra, los amigos, los familiares hasta la misma
rutina en la que nos hemos desenvuelto y de la cual hemos aprendido
también a vivir y sobrevivir, según el caso.
La decisión estaba tomada. Muchos de sus amigos se reunen y en una
alegre y a la vez triste reunión, le cantan como despedida el famoso
vals “El Provinciano”, cuyas notas quedarían grabadas por siempre en
un lugar especial de su ser.
“Las locas ilusiones me sacaron de mi
pueblo,...”.
En adelante, cada vez que las escuchaba, su
mirada buscaba en el horizonte, como queriendo encontrar aquella
“santa tierra”, reflejada en la inmensidad azul del infinito.
***
Llegado a la capital, hizo su debut en Radio América, donde su paso
fue fugaz. A los cuatro días, la dirección de Radio Central, lo estaba tentando con mejores condiciones económicas.
Fue un paso muy importante, ya que esta emisora
fue una de las pioneras de la radiotelefonía en el Perú.
Inicialmente se llamaba OAX4E Radio Weston (1934), luego cambiaría
el nombre a Radio Goicochea y más tarde a Radio Central. Su
propietario fue el Ing. Juan Pablo Goicochea. En noviembre de 1942,
inician la dirección de la emisora, Don
Genaro Delgado Brandt y Don Alberto
Pillado Matheu. Este útimo, junto con su esposa la artista argentina
Queca Herrero, fueron mis padrinos de bautizo.
Trabajó allí por
seis años. Recordaba que uno de sus primeros compañeros de trabajo
en esta emisora, fue Augusto Ferrando. Luego regresa nuevamente a Radio América, por espacio de
un mes. Pasa a Radio Victoria donde permanece por ocho meses para
volver a Radio Central a sugerencia de Oscar Artacho, con quien hace
una gran amistad. Fue precisamente con él, que asiste a la
realización del Campeonato Sudamericano de Fútbol realizado en
Brasil en el año 1949; transmisión que tuvo una gran cobertura
radial, incluyendo otros países, algo realizado por primera vez en
el Perú.
En forma anecdótica Oscar Artacho, siempre recordaba cómo le habían
puesto el nombre a su programa deportivo, titulado "Pregón
Deportivo":
“Una noche que salíamos de la radio, –decía Oscar–, se tiró al ruedo el ponerle nombre al
programa. La primera inquietud fue de Lucho Palma, quien dijo:
‘Nosotros, todos los días de nuestra audición, pregonamos las
noticias, ...¿no es cierto?’. Luego Fidel retrucó: ‘...entonces es
un Pregón’ y yo acoté: Deportivo. De esa manera quedó estampado el
nombre. Fue un 5 de mayo de 1948.”
Aquel viaje también marcó una etapa importante y dura en la vida de
mi padre, puesto que si bien es cierto fue la primera vez que viajó al
exterior, adquiriendo fama a nivel internacional en el ambiente
radial; en el aspecto político, su admiración por Víctor Raúl Haya
de la Torre y el Partido Aprista, le hicieron pasar una dura
experiencia; al lanzar un estruendoso ¡Viva el Apra!, durante una de
las transmisiones, grito que fue escuchado en todo Lima.
El entonces Ministro de Gobierno y Policía, Manuel Sparza Zañartu,
inmediatamente envió una orden para que no se le dejara utilizar
nuevamente el micrófono, durante el resto del campeonato. A su
regreso al Perú, fue detenido en el aeropuerto de la Corpac y
enviado al Panóptico de la Penitenciaría de Lima, hecho que me tocó
presenciar y que aun recuerdo vívidamente a pesar de tener entonces
escasos cinco años de edad.
Su detención se prolongó por más de tres meses; durante los cuales
asistí más de una vez a visitarlo. Me parece aun ver las inmensas
rejas color verde tras las cuales él se encontraba. Pude ver también
a muchos detenidos políticos, como Don Ramiro Prialé y otros;
quienes más tarde serían figuras importantes dentro del Partido
Aprista y la política peruana en general.
Mi padre siguió siendo un aprista de corazón,
sólo mientras estuvo al frente Don Víctor Raúl Haya de la Torre. Era
un "hayista", algo que nos transmitió a varios de nosotros, sus
hijos. Como anécdota se puede contar que tuvo la paciencia de
nombrar a uno de mis hermanos de tal forma que sus iniciales se
leyeran APRA. Alejandro Pascual Ramírez Aliaga, nuestro querido "Nano".
Durante su gira por el Brasil, mi padre fue tentado por los
directivos de Radio “Guanabara” de Río de Janeiro, para narrar los
informativos en español de dicha emisora; una de las más importantes
del país. El prefirió volver a suelo peruano.
Un año más tarde, luego de superar aquella pesadilla y ya con una
brillante trayectoria radial, asiste a la presentación de la “Premiere de Gala”, para la entrega del “Premio
OSCAR 1950”; realizada el 29 de noviembre de dicho año, en las instalaciones del Cine Teatro Metro.
La premiación fue organizada
por la “Revista Micrófono”, para los ganadores del “Concurso
Nacional de Superación Artística”.
En esta ocasión obtuvo su segundo “Oscar”, premiado como el “Mejor
Locutor Comercial”. En 1947, había ya obtenido el primero.
En 1951, animó en Radio Central las populares
“Verbenas Crush”, con el desfile de artistas nacionales e
internacionales. Poco a poco había ido adquiriendo experiencia y
logrando un sitial importante dentro de la radiotelefonía nacional.
Lejos de su adorado Chiclayo, conquistaba la audiencia de una ciudad
capital, que lo acogía como uno de sus triunfadores.
En 1953 tuvo a su cargo la preparacion del
Programa de Concursos "Emulsión de Scott le paga el Colegio", por
las ondas de Radio La Cronica, que se mantuvo en el aire por más de
seis años. Otro programa de gran audiencia fue "La Rotativa del
Espacio", que co-animara con José Vicente Ugarte del Pino. En
esta emisora compartiría micrófono con varios de los pioneros de la
radiotelefonía, Carlos Onetto "Pantuflas", Fernando Farrés, David
Odría, Alberto Arenas, Alberto Mecklemburg, Miguelito de los Reyes,
Gastón Guido, Jorge Pelaez Rioja, Eduardo San Román, Pedro Tello
Cadenas, Juan Silva Villacorta, Carlos de la Sota, Roberto
Cruzalegui, Jorge y Luis Diez Canseco, Alfonso Tealdo, Gustavo
Indacochea y muchos otros; cada cual en
sus respectivas especialidades: comentaristas deportivos, locutores
comerciales, narradores de noticieros, humoristas, maestros de
ceremonias, animadores, etc.
El 8 de diciembre del mismo año 1953, festejando el "Dia del Locutor",
se realiza como parte de los festejos, una
"Carrera de Regularidad",
en la que los locutores estuvieron al frente del volante y los
corredores profesionales, transmitiendo la carrera. Conjuntamente
con su hermano Juan de copiloto, fueron grandes animadores de la
competencia que se desarrolló entre Ica y Lima, en emocionante lucha
con conocidos elementos radiales como Jorge Alvarez, Roberto
Cruzalegui, Santiago Ferrando y otros. Lograron batir algunos
records que ostentaban grandes pilotos como Arnaldo Alvarado, Henry
Bradley, Lucho Astengo, etc. Según las notas periodísticas
insertadas en otra sección, mi padre iba ganando la carrera hasta
escasos 40 kilómetros de Lima, donde una falla del auto que conducía
le hizo perder algunos minutos. Las estadísticas le daban un
promedio de 140 kilómetros por hora, lo que al final, le permitió
ganar en su categoría.
En 1954, Radio La Crónica, hizo las primeras demostraciones
televisivas en el Perú. Mi padre fue uno de los animadores y a
través de una cámara principal, interconectada a tres monitores
ubicados en el Hall del edificio de la emisora de la Ave. Tacna,
gran cantidad de público pudo apreciar este novedoso sistema. En
1955, dirige el programa "Dulce Despertar".
En 1956, muestra una nueva faceta de su
personalidad. Tentado un poquito por la política, es nombrado
Concejal en el Municipio de Pueblo Libre. Con esta experiencia, años
más tarde se lanzaría como candidato independiente, para tentar la
alcaldía. No logró cristalizar su meta y así daría por terminada
dicha fugaz carrera política, que iniciara en épocas juveniles.
Su labor siempre fue polifacética, puesto que no solamente era el
Maestro de Ceremonias obligado en los eventos especiales; también
narraba noticias, dirigía programas musicales; se encargaba de dar
la entonación especial a las glosas que inclusive algunas veces él
escribía, para la novelas de aquel entonces. Muchos deben recordar
“El Derecho de Nacer” o acaso “Los Hijos de Nadie”, que cautivarían
a los radioescuchas por la fuerza de sus guiones y la interpretación
que los actores y actrices mostraban en las caracterizaciones de
cada personaje.
Tuvo el privilegio de trabajar al lado de luminarias radioteatrales de la talla de Roberto Airaldi, Violeta
Bourget, Carlos Curonisy, Miguel Gómez Checa, Queca Herrero, Carmen
Moreno, Teresa Olivos, Luis Alberto Pillado Mathew, Gloria Travesí,
Juan Ureta Mille, Marienella Ureta y muchos más que escapan a mi
memoria.
Con Juan Ureta Mille y Gloria Travesí tuvieron un grato reencuentro
durante su último viaje realizado a Barcelona, España, en 1988. En
este viaje, también tuvo oportunidad de visitar a Kiko Ledgard y
muchos otros ex-colegas y amigos, con quienes luego de
muchos años, pudo hacer remembranzas de épocas lejanas, cuando no
existía aún, la tecnología hoy en día alcanzada en la radiotelefonía
y la televisión. Las novelas no se grababan y todo el desarrollo de
cada capítulo tenía que hacerse en vivo. Los errores que se cometían,
no podían corregirse y lógicamente salían al aire pasando a formar
parte del anecdotario radial.
Recuerdo que hace algunos años asisití con mi
padre, invitados a un set de grabaciones en New York, por el Sr.
Rolando Barral, conocido animador de televisión cubano. Mientras se
desarrollaba el programa y veíamos cómo funcionaba toda la hoy en
día compleja maquinaria televisiva, con el movimiento de las
modernas y computarizadas cámaras filmadoras; conversábamos sobre el
“tele-prompter”, elemento que hoy en día permite al animador o
artista leer todo lo que tienen que decir. Este dispositivo no
existía en su época, cuando se debía tener una gran facilidad de
palabra, imaginación bien despierta y buenos reflejos para poder
improvisar. Todo lo que, modestia aparte, mi padre poseía.
***
Por muchos años trabajó en Radio Colonial,
emisora que cambió su nombre al de "Radio la Crónica", luego de ser
adquirida por la familia Prado, propietaria también del diario del
mismo nombre. En ella, igualmente laboró por varios años y pocos meses después de renunciar a sus labores
como Jefe de Locutores y Maestro de Ceremonias, fue llamado por Juan Silva Villacorta para dirigir el “Hit de la
Una” en el Canal 13 - Panamericana Televisión. En este programa, mi
padre logró su consagración como uno de los mejores animadores de la
televisión peruana.
Según contaba en tertulias familiares, sabía que
era dificil en aquellos años competir con la enorme simpatía de Kiko
Ledgard y la gran capacidad y conocimientos de Pablo de
Madalengoitia; optando por mantener su propia personalidad.
Lambayecano de nacimiento como era y querendón de la “Santa Tierra”
como él solo; enalteció aquella cuna tomando como seudónimo, el
nombre de una pequeña ave oriunda de aquellos bellos parajes y
verdes campiñas, llamado Huerequeque. En adelante muchos lo
conocerían como el “Cholo Huerequeque” y otros como el “Cholo
Fidel”. Un orgulloso provinciano a la conquista de la gran capital.
Era muy grato sentarse justo a la hora del almuerzo y ver aparecer
su figura, para saludarnos con un “Qué Buena Mesa”; frase
popularizada por él en este programa; que se mantuvo por más de una
década en el aire. Tuvo oportunidad de volver a presentar muchos de
los artistas que llegaron a Lima en los años 40 y 50; contratados por Radio Central, Radio Colonial, Radio La
Crónica, Radio Victoria y otras importantes emisoras. Estas, fueron
figuras de la talla de Leo Marini a quien mi padre bautizara muchos
años antes, como "Señor del Bolero" y éste a su vez lo llamaría el "Señor
del Micrófono".
Igualmente presentaría a “Los Panchos”, Tito Guizar, Pedro Vargas
y muchos otros, en brillantes presentaciones conjuntamente con nuevas estrellas del
ambiente artístico internacional como la cantante cubana María Luisa
Chorens; los cómicos argentinos “Los Charola”, la cantante argentina
Anita de Boedo; los cantantes chilenos “Hermanos Barrientos”, además
de vocalistas y conjuntos peruanos de gran prestigio.
***
Cuando salió de la televisión, fue Maestro de
Ceremonias en “EL CHALAN”, uno de los primeros locales de primera
categoría que irían apareciendo en Lima. Años más tarde, inauguraría
su propio local al que le pondría su nombre:”FIDEL”; en la histórica zona de Magdalena del Mar.
Por muchos años, este local fue el paradero
principal de todos los conjuntos y solistas criollos en la década de
los 70'. Sería largo enumerar todos ellos. Inclusive, muchas
orquestas internacionales actuaron en dicho escenario, como la de
Oscar de León, El Gran Combo, Fania All Stars, Andy Montañez, Ismael
Miranda, Fruko y sus Tesos y muchos otros que escapan a mi memoria.
El día 23 de octubre del año 1972, según datos
gentilmente confirmados por el V:. M:. Tulio Manrique Trelles, mi
padre fue iniciado como Aprendiz Masón en la R:. L:. S:. "Paz y
Justicia" Nº 46. Gracias a sus méritos y esfuerzos en el
aprendizaje de la doctrina masónica, fue adelantado al grado de
Compañero Masón, el 26 de agosto de 1973. Por sus conocimientos
alcanzados fue exaltado al sublime grado de Maestro Masón el 25 de
marzo de 1975.
En 1977, con el problema del famoso “toque de queda”, mi padre decide aprovechar una
invitación en el vuelo inaugural de “Aerolíneas Peruanas” hacia
Venezuela, para realizar una gira de visita familiar. En Caracas,
radicaba mi hermana Ela Teresa (Kukha) con su esposo Santiago Ojeda
y Gisellita, su hija mayor. Luego de hacer un poco de turismo y
algunas visitas a estaciones de radio y televisión; por invitación
de mi hermano Javier Ernesto, “Tito”, viajó hacia Estados Unidos,
país que eligió para quedarse a radicar definitívamente.
Una vez ubicado en Nueva York; sería absorbido por los tentáculos de
esta gran urbe y experimentaría la vorágine de su “rush”; ...la
inmensidad de sus rascacielos; ...la dureza de su sistema; ...su
misterio; ...su violencia.
Sin embargo, durante sus primeros años en Estados Unidos, viaja
también a los estados del oeste: California, Washington y Oregon.
En éste útimo dirige dos diarios hispanos: "Nosotros" y "El
Hispanic"; empero, ya New York había calado hondo en su ser.
En 1981 decide regresar al Estado Imperio, donde en 1982, nuevamente tentado por su vena periodística, decide fundar
otra revista y la llama “BOLETIN DE NUEVA YORK”; la que dirige y
edita hasta su deceso en 1989. Ese año, igualmente ingresó a
Radio "WADO",
popular emisora, cuyos estudios se encuentran en New Jersey; donde
volvió a mostrar su dotes periodístico-radiales y reencontrarse con
un público compatriota, cuyo gran porcentaje ya conocía de su
trayectoria. Otros hispanoblantes, también aplaudieron su bien
timbrada voz y forma de dirigir los programas en los que le tocó
laborar.
***
En 1950, mi padre había adquirido un terreno en
el Jr. Belgrano de Pueblo Libre. Este había pertenecido a un tío por
parte de mi madre y era bastante grande. Tenía casi 70 metros de
largo y unos 25 de ancho. Nuestra primera casa se construyó en el
centro de dicho terreno. En lado izquierdo de la parte de
adelante, conjuntamente con mis hermanos, ayudábamos a mi padre para
hacer un jardín, donde sembramos todo tipo de verduras y frutas.
Seguramente extrañaba la campiña norteña, volcando su cariño y sudor
en este pedazo de tierra, el que poco a poco se pudo hacer
productivo. En la parte posterior; criábamos aves de corral, conejos,
palomas, hasta un cerdo que le regalaron siendo aun tierno. Recuerdo
a mi primera mascota, un conejo de angora totalmente negro con la
nariz blanca al que nombré "Pipo". "Tito", tenía una coneja
íntegramente blanca como un inmenso copo de nieve, llamada "Coqueta".
Nos mudamos en 1950, luego de vivir en Jesús María. Años más tarde,
a medida que íbamos desarrollando, iríamos ayudando en la ampliación
de la casa, de acuerdo también a cómo iba creciendo la familia. Con
Carlos Fidel, Manuel Fidel y Tito “tirábamos” pico y lampa para hacer los
cimientos; luego haríamos las paredes bajo la supervisión de unos
contratistas, Agustín y Lozada. Años más tarde, mi padre hizo un
boceto para la construcción de la nueva casa, sobre el cual se
hicieron los planos finales y su construcción fue encargada a su
amigo y tocayo el Ing. Fidel García Moreno.
Alrededor de 1954, mi padre incursionó en el
negocio del café, con un Sr. Carlos Bernard. Se instaló toda la
maquinaria necesaria para ello, en la parte delantera del terreno.
Horno para tostar, inmensas bandejas para enfriar, máquinas
moledoras y balanzas. En este rubro se trabajó por unos 4 años.
Años más tarde, Carlos Fidel, mi hermano mayor,
instalaría una fundición en la parte posterior del terreno.
Edificar este terreno, desde sus cimientos hasta su fase final fue
una etapa llena de sacrificios. Su paulatina ampliación fue el
termómetro de nuestro crecimiento y a igual ritmo iba también
creciendo la empresa editora, máquina por máquina, todas nuevas.
Así, poco a poco se fue dando forma a un espacio de tierra casi muerta y
llena de pedregales. Antiguamente había existido un cementerio en
esa zona llamado de la “Buena Muerte”. Acaso por ello, siempre
hacíamos bromas sobre apariciones, sombras y sonidos raros; los que
en oportunidades parecían tan reales que se nos escarapelaba el
cuerpo. Carlos Fidel, Manuel Fidel, César Arturo y Juan deben acordarse cuando nos
tocaba trabajar en el turno de noche, manejando los linotipos o
algunas de la impresoras; y nos parecía escuchar alguna máquina
trabajando sola.
Recuerdo a uno de los primeros empleados, Angel
Chacón Cortez, de quien aprendimos muchos de los secretos de las
Artes Gráficas. Era muy responsable y a veces cuando había mucho
trabajo no le importaba amanecerse y al día siguiente luego de
descansar un par de horas, seguir en sus labores con la misma
dedicación. Lamentablemente falleció de leucemia y en apenas una
semana partió. Aun recuerdo cuando fui a visitarlo al Hospital
Obrero, donde sus familiares muy amablemente me permitieron
verlo, advirtiéndome que ya no reconocía a nadie, sin embargo
apenas ingresé a su habitación, sentí en su mirada que sí me
recordaba. No podía articular palabra alguna, pero en sus ojos
repasé varios años de trabajo a su lado. Después de aquella triste
etapa, en el silencio de la noche, muchas veces nos parecía escuchar
vívidamente el sonido de la “Chandler”, la primera impresora que
adquirió mi padre al inicio en esta industria, cuyo operario
principal fue precisamente Angel. No nos pareció
extraño y con ello convivimos hasta dejar el Perú para radicar
también en New York.
La incursión de mi padre al rubro gráfico,
también tiene su anécdota. En ese tiempo estaba muy comprometido con
la edición de la Revista "Pueblo Libre", la que se
imprimía en la "Imprenta
Mercagraf", ubicada donde después se inició el Diario "Expreso"
(Jr. Ica). Entre
la plana de empleados gráficos de dicha empresa, trabajaba un Sr.
Víctor Mendoza, chiclayano, con quien tuvo la oportunidad de dialogar
constantemente y alguna vez, al hablar de la "Santa Tierra", encontraron que conocían amigos comunes.
Un día, quejándose con este señor de las demoras
en la salida de la revista, él le respondió a
mi padre: "...Por qué no instala Ud. su propia imprenta y así se
evita estos percances". Con el carácter que tenía el viejo y lo
molesto que estaba con el problema del que se quejaba, tomó esta sugerencia
como una burla y se retiró muy incómodo.
Sin embargo, nos contó que cuando ya se sintió
más tranquilo, la idea le empezó a rondar en la mente, hasta que se
convirtió en un nuevo reto; y fue precisamente este señor Víctor
Mendoza, quien con sus conocimientos y experiencia en las Artes
Gráficas, se convirtió en el primer empleado de la Imprenta y asesor
para la compra de los elementos necesarios para su inicio.
Mis hermanos y yo, desde muy niños, así
aprendimos paulatínamente los secretos de esta industria. Llegábamos
del colegio, hacíamos nuestras tareas y luego a trabajar, teniendo
la suerte que todo nuevo empleado nos enseñaba un nuevo secreto.
Aparte de Angel Chacón, trabajando en la "Chandler", recuerdo a
quienes lo reemplazaron, uno de apellido Inca y otro apellidado
Castillo. Los linotipistas Carlos Barrios Porras, quien también trabajaba
en Panamericana Televisión y más tarde en el Canal 7. Sé que llegó a
desepeñarse como gran Director de Cine y TV.
A Humberto Urteaga, el técnico de estas máquinas
y a Carlos Balarezo. En encuadernación trabajaron Roberto
Rivera, cuyo sobrenombre era "Maestro Chino", Pedro Carbajal y Gerardo
Guerrero. Había otro encuadernador al
que los empleados habían bautizado con el apelativo de "Pécora". Sus razones
tendrían. Como volantes o sea quienes podían hacer cualquier otra
labor, estuvieron el "negrito" Pedro Cujes Guerra, Oscar Valenzuela,
Agustín Flores, el "Mono" Carlos Zurita y Manuel Bustinza,
quien aprendió inclusive parte de la Administración. También trabajó
con nosotros, Noel, a quien hace un par de años tuve el
gusto de ver en Maryland, EE.UU.
También trabajaron algunos familiares
como el tío Miguel Cuadra y los primos
José Segundo Ramírez, Juan Ramírez Villarreal, Pablo Ramírez
Pimentel. El operario de la primera máquina "plana", donde se imprimieron las
primeras revistas y libros fue el maestro Almeyda. No recuerdo su
nombre ni los de algunos otros
empleados, de quienes sí recuerdo
sus facciones. Si alguna vez alguno lee estas líneas, me sería grato
saber de ellos.
La empresa editora fue creciendo hacia un lado de
la propiedad y
hacia el otro la casa, por la que mi padre tenía un cariño muy especial. Cuando le preguntábamos por qué tan grande, siempre respondía: “...para que todos podamos vivir juntos, inclusive mis tataranietos”.
Estos nunca llegaron y al paso de los años, casi todos emigramos uno
por uno, fuera del país. En la actualidad, Carlos Fidel vive en el
estado de Oregon. César Arturo en California. Javier Ernesto,
Jaime Alfredo, Francisco Ricardo y yo en New York. Carlos Manuel en
Virginia. Juan en Maryland. Manuel Fidel, Ela Teresa y Amalia del
Rocío en New Jersey. Fidel Eleuterio en Canadá y el resto se quedó
en Lima.
Mi padre siempre quizo volver, pero la “Gran Manzana” lo mantuvo
atrapado desde su llegada. Cada vez, el destino le daba una nueva
excusa para no dejarlo viajar. Al final sólo se llevaría en el recuerdo,
aquellas gratas vivencias, que marcaron etapas importantes en su
vida.
***
La vida de mi padre fue bastante agitada. No
tengo la menor idea cómo podía mantener tanta presión emotiva en su
caminar. Igualmente, dentro de toda esa paradoja, era un tanto
espiritual, al menos a su manera. El creía en la reencarnación, en
la premonición y en la coincidencia de fechas, muchas de las cuales, asociaba
matemáticamente con etapas importantantes en su vida.
Tuvo por costumbre apuntar en una pequeña libreta, el día de
nacimiento de algunos de nosotros y el nuevo hito en su vida que ello
representaba. Siendo yo uno de los mayores, dicha lista empezaba
conmigo. En 1943, año en el que nací, realizaron junto con mi madre,
su primer viaje en busca de mejores oportunidades. Dejaban su natal
Chiclayo, en ruta hacia Lima, la capital. Primer gran cambio en su
vida.
En 1956, inicia la edición de la Revista
“Pueblo Libre”. Año
asociado con el nacimiento de mi hermano Francisco Ricardo “Pancho”.
En 1957, año del nacimiento de mi hermana Ela
Teresa (Kukha),
inicia sus operaciones tipográficas al frente de su empresa editora
“F. R. L. é hijos”.
En 1961, ingresa a la televisión, en un año que coincide con los
nacimientos de mis hermanos Cinthya y Fidel E. Este año igualmente
viaja por primera vez a los Estados Unidos. Fue a Boston, para la
operación de compra de un segundo linotypo. El primero ya no cubría
la gran demanda en ese tipo de trabajo en la Imprenta. Aprovechó la
oportunidad para visitar New York.
A su regreso, nos comentó de un epidosio muy extraño ocurrido durante su
estadía. Dijo haber sentido un estremecimiento desde su llegada a New
York. Sintió que muchos de los lugares que visitó, le eran familiares y que de alguna
forma, creía haber estado allí antes. A pesar que sus cimientos en aquel
entonces estaban en Lima y no había la más remota posibilidad de
cambiar de domicilio, menos a tan larga distancia; nos confesó que
le gustaría volver para vivir en esta ciudad y morir en ella. Años
más tarde, una serie de acontecimientos, sobre todo políticos, lo
obligaron a dejar Lima por una invitación a Caracas, Venezuela y
sin pensarlo, siguió hasta New York, donde radicó definitívamente hasta su
deceso en 1989.
El año de 1970, lo asociaba con mi hermana María Esther. Fue la
época en que se lanzó a probar suerte en el negocio de Restaurantes
y Hoteles. Primero fue el "Restaurante FIDEL", en Magdalena del Mar.
Luego el "Hostal FIDEL", en Chosica, donde estuvo hospedada la
Selección Peruana de Fútbol que participó en el Mundial de Alemania
- 1974. Más tarde, el
"Hostal
FIDEL" de Sullana. Este último fue construído por una cuestión
romántica de mi padre. Sullana había sido una de las ciudades que
vio crecer sus años de adolescente. Sentía un inmenso cariño por
ella; lamentablemente no logró alcanzar las espectativas que en él
puso, por razones que prefiero no recordar hoy.
***
El “Boletín de New York”, si bien es cierto le dio una mejor
posición por su continua relación con el mundo social y diplomático
peruano en los EE. UU., no fue precisamente una operación rentable. Fue una enorme
inversión de trabajo y capital, sólo por “amor al arte”. Pero, era
lo que le gustaba hacer y lo describió alguna vez así, en una de sus
notas:
“La edición del Boletín vino a marcar una nueva etapa y un
nuevo modus vivendi. [...] Siempre me gustó tener deudas como algo
que me acosara a cumplir con ellas llegado su vencimiento. La
llegada de un cheque, el primero del Dr. Luis Landeo como la primera
suscripción, significó para mí un ineludible compromiso”.
Su ingreso a la Escuela de Idiomas “Berlitz”, fue también algo muy
halagador para él. Con su buena dicción y ortografía, podía motivar
a todo aquel ávido de aprender el idioma de Cervantes. Tuvo mucha
gente de la banca norteamericana, aprendiendo bajo su tutela,
también de muchos otros países, sobre todo suizos.
Y así, New York lo atrapó con sus inmesos tentáculos. La inmensa
urbe de acero, engrilletó su caminar y lo hizo parte de su vorágine.
No lo quiso dejar cambiar de hogar nuevamente. Y aquí, siempre
recordaría aquel vals “El Provinciano”, que le cantaran
Néstor Chocopar, Polito Bedolla, Salvador Odar y otros, cuando
dejaba Chiclayo:
“Las locas ilusiones me sacaron de mi pueblo;
abandoné mi casa para ver la capital.
Cómo recuerdo el día, feliz de mi partida,
sin reparar en nada de mi pueblo me alejé.
Y mientras que mi madre, muy trisre y
sollozando
decíame hijo mío, llévate mi bendición.
Empero esa vez ya no fue Lima, aquella primera capital en los
inicios de su trayectoria. Aquella premonición de hacía algunos años,
se hizo real y se quedó para que se esparcieran sus cenizas. Esta
vez fue New York, la capital del mundo.
"Ahora que conozco la ciudad de mi dorado
sueño,
y veo realizada la ambición que en mi ilusión
forjé,
es cuando el desengaño de esta vida me
entristece,
y añoro con dolor, mi dulce hogar.
Luché como varón para vencer y pude conseguirlo,
alcanzando el anhelo de vivir con todo esplendor
y en medio de esta dicha me atormenta la nostalgia,
del pueblo en que dejé mi corazón”.
Esa canción declamó, no sólo su caminar de capital en capital, en
busca de mejores oportunidades; también presagió su nostalgia por el
suelo querido que nunca más volvería a ver, al menos no físicamente.
Sólo el Gran Creador conoce cuántas otras formas podemos
encontrar para seguir caminos diferentes a los de esta vida.
Y con la tenacidad que lo caracterizaba, seguramente por ellos
volvió, aunque sea fugazmente hasta el vientre de su madre, en un
recuento de su palpitar.
Ojalá sea cierto aquello de que en el umbral de aquel tunel de luz
que divide esta vida de la otra, nos esperan quienes se adelantaron
en el viaje hacia esa dimensión. Espero verlo nuevamente.
|
|