|
|
Intentar escribir sobre la vida de mi padre, creo que sería más
fácil para quien pudiera describir su trayectoria desde un ángulo
externo y seguramente adornar la descripción de hechos y vivencias,
resaltando aquello que, como hombre público, mi padre pudo realizar
con mayor capacidad y solvencia.
Mi caso es diferente, puesto que no pretendo dimensionar sus
triunfos, aun cuando estos me parecieran tan normales al vivir a su
lado. Esa es una de las cosas que la misma rutina de la vida, a
veces no nos permite apreciar; ya que posiblemente nos parezcan
demasiado obvias para darles un mejor significado.
Debo confesar sí, que mi padre fue un triunfador en muchos aspectos
de su vida. Tuvo una infancia muy dura, seguramente igual a la que
muchos otros pudieran haber tenido; pero logró a base de sacrificio,
tenacidad y mucho trabajo, alcanzar importantes metas, algunas de
las cuales fueron meticulosamente planeadas por él y otras,
alcanzadas por esa cuota de suerte que también necesitamos tener en
nuestro diario caminar.
Mi padre llegó a ser considerado como uno de los mejores locutores y
maestros de ceremonia que hayan pasado por la radio y televisión en
el Perú. Compitió en esos campos, –si se permite la expresión–, con otros grandes personajes, muchos de los cuales él también admiraba.
Nunca tuvo un ídolo en particular, pues su ego no se lo permitía;
pero puedo dar fe de su admiración por Nelson Arrunátegui, paisano y
compañero de trabajo en sus inicios radiales. Su aprecio y respeto
por Don Genaro Delgado Brandt, quien lo ayudó y aconsejó mucho
cuando tuvo la satisfacción de trabajar bajo su tutela. Le agradaba
enormemente la simpatía de “Kiko” Ledgard y la sapiencia de Pablo de
Madalengoitia.
Como hombre de negocios, tuvo también grandes satisfacciones;
ampliando su carrera periodístico-radial, al incursionar en la
industria gráfica, donde se editaron las revistas que él mismo
creara y dirigiera como ‘PUEBLO LIBRE”, en honor al distrito que lo
viera progresar. El semanario “IQUITOS”, órgano informativo de la
bella ciudad amazónica. La revista “LAMBAYEQUE”, en colaboración con
periodistas de su querido terruño. Aparte de libros de cultura,
historia, contabilidad, diccionarios y muchos otros rubros.
Dio prestancia y categoría a Restaurantes y Hostales que llevaron su
nombre, donde se daba cita la sociedad limeña para dar rienda suelta
a su euforia criollísima y salsera.
Fue un buen padre; con una enseñanza drástica, como lo eran
antiguamente. Siempre trató de inculcarnos que la mejor, pero más
dura escuela, era la “Universidad de la Vida”, de la cual aprendemos
muchas cosas que no queremos; por una u otra razón, aprender de
nuestros padres.
Vivo con su recuerdo día a día; como una constante presencia
espiritual que me ayuda a entender muchas cosas y así nació esta
pretensión de revisar su trayectoria; donde mayormente, decenas de
fotos y recortes periodísticos, mostrarán gráficamente su labor en
la radio y televisión peruana.
El me encaminó por este sendero de las letras. Pero aquí no sólo
está involucrada una forma de redacción, sino una forma de
sentimiento y el saber cómo expresarlo, que no es lo mismo que
sentirlo. Nuestro cerebro a través de sus millones de neuronas,
tiene la capacidad tan notable de hacernos sentir exactamente lo que
queremos sentir; pero expresar literalmente ese sentimiento o deseo,
en una forma verbal o escrita, enmarca una tónica muy diferente,
pero intentaré volcarlo en estas líneas.
Esta prentenderá ser la “SEMBLANZA DE MI PADRE”.
Luis A. Ramírez S. |
|