Fidel Ramírez Lazo

 

1922  -  El "Cholo Fidel"   -  1989

 

 

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En  el  Recuerdo

 

 

 

 

 
 
 
  Julio 28, 1989 - Radio Hit - New York - "Los Matices del Perú" - Iraida Valdivia y F.R.L. (1)
     
  Julio 28, 1989 - Radio Hit - New York - "Los Matices del Perú" - Iraida Valdivia y F.R.L. (2)
     
  Julio 28, 1989 - Radio Hit - New York - Augusto Ferrando y F.R.L.
     
  Entrevista en Barcelona -  España - Radio Popular - Por Luis del Olmo1
     
  Entrevista en Barcelona - España - Radio Popular - Por Luis del Olmo 2
     
  Entrevista en Barcelona - España - Radio Popular - Por Luis del Olmo 3
     
  Entrevista en Barcelona - España - Radio Popular - Por Luis del Olmo 4
     
  F.R.L. - Cantando en reunión familiar "Adiós, Adiós".
     
  F.R.L. - Cantando en reunión familiar "Brujerías".
 
 
 
       Saludo de mi hermano Juan Ramírez Guerrero (Noticiero Univisión - Maryland) - 1989  
 
 
     
 

A mi Padre

 



Mi padre, partió en aquel viaje en que el retorno es constante, pero sólo a través del recuerdo. Aquel recuerdo lleno de alegrías, a veces tristezas; también lleno de triunfos y a veces derrotas. Esa es en realidad una norma en el trajinar del hombre; siempre buscando el equilibrio a través de sus acciones, buenas y malas; en el caer y el levantarse; el diástole - sístole del palpitar diario.

Fidelito, como cariñosamente lo llamábamos, era un perfeccionista. Fue así como logró escalar posiciones desde muy niño, haciendo las labores más humildes para labrarse un porvenir digno de respeto y honestidad. Ese respeto con el que hizo amigos. Ese es el legado heredado, al haber estado siempre a su lado; aprendiendo constantemente de su espíritu de lucha, ese espíritu que aun en los umbrales de la muerte no perdió.

Es el retorno a través del recuerdo; y cómo no recordar al padre, al guía, al maestro. Siempre trató de serlo, tal vez a su manera; aquella como se aprende en la Universidad de la Vida, como él nos lo repetía; con dureza, con entereza, con coraje.

Y ese fue su vivir; porque había que tener coraje para vivir como él vivía; ...había que tener agallas para lograr lo que él lograba; ...había que tener dureza, para enseñar como él enseñaba.

Ahora ya no lo veré físicamente, pero estará allí siempre presente cuando lo necesite; estará vivo cuando recorra mentalmente lo que aprendí viéndolo vivir; ...volverá en cada recuerdo y lo recordaré siempre, siempre.


LARS
“Boletín de Nueva York” - No. 74

Diciembre 1989

 
     
 

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"Cholo Fidel"

 

 

En la historia de los hombres y de los pueblos, hay personajes de grata recordación. No figuran en los textos ni en los anales, quienes con vigorosa personalidad se ubican decorosamente en la Historia. Forman el conjunto de personajes gratos al recuerdo y presente en la memoria de las generaciones que los citan a menudo como ejemplo de grandeza moral, de fortaleza espiritual, de valor ante la adversidad y de proyección ante su comunidad.

 

Así sucede con hombres como Fidel Ramírez Lazo, quien expandió su influencia en varias comunidades, siendo la última de ellas en los EE.UU.

 

Nacido en Lambayeque el 24 de abril de 1922, cursa sus primeros estudios en el Colegio San José. Desde muy temprano incursiona en la radiodifusión y es en Radio Délcar, donde hace sus primeros tanteos en la locución. Dueño de una envidiable voz y de un claro acento, Fidel se convierte muy pronto en el locutor reclamado, festejado y celebrado en todos los ambientes hasta donde llega su clara dicción, su gracia y entusiasmo que lo identifican en los medios norteños.

 

Llega a Lima y se incorpora al selecto equipo de locutores que en la década de los 40, hacían escuela en Radio Central. Junto a él, se recuerda a Nelson Arrunátegui, Alfonso D'Alessio, Ruth Revoredo y tantos otros que se constituían en los más destacados de la radiodifusión que lograban sus primeros triunfos en las voces de locutores que hacían gala de popularidad en aquellos años, en los que todo estaba comenzando para ellos.

 

Antes, Fidel Ramírez Lazo, había servido a la patria en el conflicto de 1941, alcanzando gloria y honor con el galón de Cabo. Porque sabe amar a la patria, Fidel regresa del servicio, con los honores simples y sencillos del soldado que ha cumplido con el deber en los momentos más críticos para la integridad nacional.

 

Pero, no sólo es la locución la que inquieta a este personaje. Su incursión en los negocios lo lleva primero a organizar la impresión de ediciones, a los trabajos de imprenta y luego a la instalación de una cadena de restaurantes y hostales, en los que hace confluir su alegre personalidad, que convierte en éxitos contínuos, que se repiten en el distrito de Magdalena, en la capital, en Chosica y en el norte, Sullana. No hay negocio o actividad en la que incursiones Fidel y no logre el éxito deseado. Su alegría y su estilo, llegan a imponerse notoriamente tanto aquí, como en provincias. Llega un momento en el que cree que ha hecho todo cuanto ha podido y como si le faltara otros ambientes, emigra hacia los Estados Unidos.

 

Muy pronto, otra faceta de su personalidad, aflora en el gran país del norte. Y la asume sobre la base de la simpatía lograda en su país. Se le reconoce como el "Cholo Fidel"; el mismo que cuenta las costumbres de la patria lejana; el que refiere con su peculiar estilo, el decir del cholo del norte peruano. Y es el "Cholo Fidel", quien con su singular estilo, refiere los chistes más celebrados del costumbrismo norteño. Y no se queda allí, se le requiere como profesional de español en escuelas importantes; y se le pide también como animador. En escenarios, en los negocios, en la enseñanza, Fidel va dejando huella de su vigorosa personalidad que a todos encanta, que a todos conmueve y que en todos despierta simpatía.

 

En los EE.UU., edita una publicación para unificar a los peruanos. Tiene éxito con el "Boletín de New York" y se llega a identificar con la hispanidad toda, que es llamado a cuantos eventos se convoca y se requiere del estilo inconfundible de este peruano que llega también al éxito partido de cero, emergiendo de condiciones innatas que le hacían ganar prestigio.

 

Fidel Ramírez Lazo, es de los peruanos que triunfan a pesar de todo. No va al gran país del norte en años juveniles; lo hace con los años de la madurez, cuando muchos creen cerrado el cielo de sus aspiraciones y alcanzada la realización con la que se contentan. Fidel va más allá, con paso firme y seguro "vende" su personalidad; encandila con su gracia y logra trasponer los linderos del éxito y la fama, después de haberlo hecho en su propia patria.

 

Cuando las canas afloran, él ya ha sabido de muchos éxitos y siempre la alegría va prendida en su rostro. Ni los embates propios de su vida superactiva, lo hacen desmayar y triunfa, logro que se le hace fácil y que para otros, requeriría de mayores esfuerzos.

 

Recuerdo cuando su inquietud lo llevaba a escribirme constantemente; no sólo para el reclamo familiar, sino para mantener el nexo de comunicación con la Patria lejana. Y nos habla de unas y otras familias a quienes se recuerda en Nueva York y nos envía grabaciones que daban cuenta de las actividades de los peruanos que como él, saben del triunfo, merced al esfuerzo, la constancia y el entusiasmo.

 

Fidel es permanente en su afán de comunicarse con nosotros; hasta que deja de escribirnos. Y nos preguntamos por la causa; ¿...Qué pasará con Fidel que ya no escribe? Sólo el mal pudo agobiarlo.

 

Cuando las cartas se hacen más distanciadas, presumimos su mal y el fin cercano. Sentimos que el entusiasmo de Fidel estaba decayendo, pero su mal no podía aún con él. Presagiamos entonces el final; y una mañana, partimos a su encuentro. Lo alentamos y lo estimulamos, hasta ver renovadas sus fuerzas.

 

El entonces insiste y se reinicia en las diarias tareas. La fuerza de su espíritu prevalecen por algunos meses más. Luego otro silencio. Otra vez quisimos volver a su encuentro, ...pero ya es el final.

 

El hombre de la sonrisa permanente... de la lucha desigual con el destino, va a partir al encuentro de su Dios, después de haber cumplido con los suyos. Con aquella sencilla grandeza que Dios reserva para los hombres buenos... Fidel parte... se va... marcha hacia las estrellas.

 

Este hombre inquieto que hizo confluir en su persona la simpatía, la generosidad; que interpretó el acento de su pueblo; que hizo reir a muchos... que transmitió conocimiento y cultura... que supo salir invicto en la vida difícil... que superó con clase varias culturas y que cerró en Nueva York su ciclo vital; partió hoy ya hace un año, con el aplauso de su pueblo y con el testimonio invalorable de su personalidad de "Cholo Fidel", hacia el infinito... a columbrarse con los justos que ama el Señor.

 

 

Juan Ramírez Lazo

"Boletín de Nueva York" - No. 86

Diciembre 1990

 
     
 

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Viejo...




Viejo, hoy día vine a visitarte; como lo hice ayer... como lo hice siempre. Desde abajo, divisé la ventana de tu dormitorio, en un cuarto piso. Solías ver desde allí uno de los puentes que unen la Isla de Manhattan, la Gran Manzana. Al verlo te solazabas, seguramente pensando en los tantos puentes que tuviste que recorrer en tu trayectoria y a veces me parecía ver una mueca de nostalgia en tu rostro, grabado por el tiempo.

Me preguntaba qué pensabas, cuando llegaba y te veía sumido en esa distancia. Parecía no importarte lo que estaba a tu alrededor. Pero esa era tu forma de ser. Una aparente frialdad, que escondía el gran cariño que siempre sentiste por todos tus hijos. Ahora creo que temías ser cariñoso... aun cuando era difícil concebir el miedo en tí.

A veces me decías, “...no sé querer de otra forma, nunca lo aprendí... no me lo enseñaron”. Pero nunca es tarde, dicen... Aprendí a conocerte cuando nos despedíamos. Yo sabía que te ibas, tú en cambio, lógico era suponerlo, no lo aceptabas. Inconscientemente tal vez intuías que era inminente esa partida; lamentablemente nunca nos preparamos para este tipo de hasta pronto, ...duele tanto.

El pasadizo es el mismo, pero lo siento tan diferente... más sombrío. No he querido usar el ascensor, tratando tal vez inconscientemente de retrazar mi llegada a tu puerta, o tal vez en el deseo de no llegar nunca. He recorrido las mismas gradas; ...tuve la paciencia de contarlas... eran o son cincuenta, ...nunca antes lo supe... ahora lo sé. Cincuenta que parecían siglos y segundos de distancia unas de otras. Siglos, cuando me daban tiempo para pensar y rememorar tantas cosas vividas y segundos, cuando todo parecía desvanecerse al mismo instante.

En los primeros días de tu enfermedad, un día de pronto me preguntaste que... ¿Cuál era el recuerdo físico más lejano que tenía de tí? Y te respondí, ...cuando fui a visitarte a la penitenciaría, donde estuviste recluído por tus ideas políticas. Eras joven, enérgico, tenaz. No medias el peligro y fue tu primer alerta.

Recuerdo como si fuese ayer cuando fuimos al aeropuerto para recibirte, y no nos lo permitieron. Desde el avión que te trajo de Brasil, te llevaron directamente detrás de esos barrotes verdes inmensos, cual berjas de mansiones solariegas. En aquel momento no comprendía esa realidad. Tal vez para mí, con escasos 4 años, era como ingresar a conocer un mundo nuevo, diferente y en realidad lo era. Te vi rodeado de mucha gente importante, a la que con el tiempo fui conociendo y siguiendo su trayectoria; y así respondiéndome tantas preguntas.

De allí se me borra tu presencia de la mente, hasta el día en que volviste a casa, con una barba tremenda...; negra como el carbón; tendrías 27 años...

A veces me parece oirte, cuando aquel día que cumplí mis siete años de edad, me llamaste para decirme, “...estás ya entrando en el uso de razón; a partir de este momento, ya tienes conciencia de tus actos y buenos o malos, serás responsable por ellos”. Te miré, como analizando tus palabras y la vida me demostró el resto.

En tu casa no hay nadie. Uso la llave para entrar. ¿Recuerdas que nunca me gustaba usarla? Prefería tocar y esperar que tú o mamá salieran para abrirla. Está tan sola, siempre sola. Mamá, anda en tu búsqueda, recorriendo casa por casa, la de vuestros hijos; como estaciones, tratando de encontrar un paradero final... el tuyo.

Tus cuadros siguen en el mismo sitio que los dejaste, al igual que tus trofeos y fotografías. Cada cual con un recuerdo diferente, llenando de nostalgia aquellas paredes que los acogen.


Hay una extraña sensación en el ambiente, ...una extraña energía. Me siento en tu silla, en tu escritorio y estoy usando tu máquina para escribir estas líneas. Tal vez ella sienta que la presión sobre sus teclas es diferente; como yo siento diferente el llegar en tu búsqueda y no encontrarte.

Tu sillón, tu escritorio, que creo conocen de tus alegrías y tristezas, ...nada pueden decir, por ser objetos inertes. Aun así, siento en esa inercia, latente tu presencia...

Al escribir estas líneas, cumpliéndose ya un año de tu partida; sólo quería recordarte lo que te dije al despedirnos: ¡Te quiero mucho y te voy a extrañar siempre!


LARS
“Boletín de Nueva York” - No. 86

Diciembre 1990

 
     
 

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A mi hermano

 

 

Cuando se intente escribir la biografía de Fidel Ramírez Lazo, ocurrirá por los variados matices de su vida, lo que en el tiempo ha sucedido con Miguel de Cervantes Saavedra, el formidable literato español, autor del Quijote de la Mancha, cuyo lugar de nacimiento se lo disputan siete ciudades.


Eso pasa con los hombres trascendentales; con aquellos que han dejado mensaje; con esas vidas que fueron fecundas sin importar que la obra se realizara o planeara en tierra ajena y sin conceder un valor mayor a la heredad cuando se tiene la conciencia de no distinguir y dar a todos amistad, cariño y afecto.


Es verdad que nació en Lambayeque; que creció a la vera de esencias norteñas; que supo del salobre mensaje del mar y se cuajó del vital mensaje de una tierra fértil y generosa, pero su universo personal rompió esquemas y fronteras, trascendió y llegó al exterior sin que él, por humildad que es grandeza, modificara un gramo sus esencias de justicia, de rectitud.


Se hizo, como Juan, su hermano menor, en la constancia del trabajo que no pide tregua; creció a la vera de un cariño maternal que cinceló prodigios; se alimentó de ciencia y de saber por ese extraño amor que sentía por los libros y casi por decisión propia fue algo así como su propio maestro.


Ya de niño era laborioso; ya de mozo curtido sabía el valor del dinero y tenía conciencia de lo que significaba ganarse un pan con el sudor de la frente. Es decir, maduró con el tiempo; no dejó de ser el niño o el joven tiempo; pero, en la práctica, fue el hombre que, como tal tomó decisiones.


Chiclayo, muchas veces y hasta ahora, proclama el honor de haber sido cuna de este hombre excepcional; pero muy cerca, desde los cálidos aromas de Piura y de sus algarrobos, se perfila el reclamo de que Fidel fue su esencia, fue su origen y la razón de sus inmensos logros.


Y si Piura se alinea en la demanda por ser cuna del “Cholo Huerequeque” como se le recuerda con cariño en Chiclayo; Lima no es ajena a la demanda y considera, todavía en la charla de café que suelen promover los bohemios de ahora, que Fidel Ramírez Lazo, por derecho de trabajo y de obra, es parte integral de la Ciudad de los Virreyes. Es algo así como el hijo que la soleada Chosica reclama o el ciudadano honorable y distinguido de Magdalena del Mar, donde en un restaurante de innegable prestigio, dejó marca de cómo los peruanos, sin distinción, deben comer bien y rico.


Pero, el asunto de su origen no se circunscribe al país, pues su recia personalidad de hombre público por su relación con el pueblo, lo llevó a conocer gran parte de Sudamérica y recalar en la ciudad de Caracas, Venezuela, donde generó, con habilidad psicológica, un nuevo modo o manera de decir sus cosas.


Cuando se fue, Caracas lo proclamó hijo suyo. Las despedidas se dieron porque los afectos se habían multiplicado. Fue fértil y en los surcos del cariño, sembró amor y cosechó gratitud de un pueblo, que anualmente, dice su nombre y propala el mensaje de su voz que quedó aprisionada, gracias al prodigio de la ciencia, en cintas magnetofónicas.


Pero, no sólo Caracas lo tuvo alguna vez en su regazo; estuvo en Santiago de Chile como consecuencia de una extensión de trabajo originada en su programa musical “El Hit de la Una” de Panamericana Televisión. Mucho antes había estado en Brasil, donde pese a ofertas bastante tentadoras; prefirió volver para hacer patria en la propia.


En el “Hit de la Una”, dictó cátedra de calidad y ahí tuvo la oportunidad, sin necesidad de libretos, de mostrar toda su amplitud cultural, su don de gentes y su hermosa preocupación por los niños, por los jubilados y por las madres que soportaban el drama del abandono.


Desató mil campañas y en todas ellas se entregó a plenitud. Fue algo así como el mendigo de frac que sabía estirar la mano. Manos que se llenaron de afectos y de realidades. Era el “Cholo Fidel Social”, el gobernante del país a través de la magia de la televisión; el mejor de los ministros y el prodigio hecho hombre para gestar la LEY HUMANA que no necesita de Parlamentos para solucionar problemas y conflictos.


Por ello fue trascendente; por ello al salir del set de Panamericana Televisión o de Radio Central o de Radio Delcar de Chiclayo, la gente lo identificaba y le pedía resolver atrazos y carencias. El jamás a nadie dejó de escuchar. Y, mil veces, en ese “Hit de la Una” que copaba sintonía, porque era la hora del almuerzo y Fidel lo iniciaba con una frase que se hizo clásica: ¡Qué buena mesa!; Fidel, públicamente, materializó ayuda de positivo espectro a favor de particulares y agrupaciones.


Era una especie de Papa Noel de una Navidad de Año. Con otra vestimenta, pero impregnado de un grato amor por todo lo peruano, Fidel solía ser punzante y directo para decirle al Gobernante de turno, todo aquello que estaba mal, que era conveniente plasmar para que la justicia social llegara a los más necesitados.


Sobre este particular, con el timbre de una voz inolvidable que es de familia, Fidel creó un estilo, un esquema y una comunicación directa que aprovechaba en lo posible de todos los recursos disponibles, incluso, algunas veces, era más que suficiente el contenido o letra de un vals o polka para enfocar el problema del momento y plantear soluciones.


Fue un animador de fuste, de excepcional jerarquía. Marcadamente humano y con el raro amor que se dá sin pedir nada a cambio, Fidel salió, muchas veces, de su campo o área de la locución y gravitó en otras actividades, sin excluir su pasión por el fútbol que lo llevó al extremo, en los tiempos de Teófilo Cubillas y de Hugo Sotil, por sólo citar a dos auténticas figuras de nuestro alicaído balompié; a dar alojamiento y comida a una Selección Nacional en su Hostal de Chosica.


Ahí, Fidel sabía dar rienda suelta al niño que quedó adormecido o atrapado por el tiempo; era como renacer en la distancia y desarrollar, una actividad en la que, el dominio del balón y el buen disparo con las dos piernas, no le fueron ajenas. Se hizo amigo de los jugadores, alternó con la dirigencia, se interesó por la problemática del deporte y participó, activamente en su difusión.


Largamente, fue el PERIODISTA real que salió de la Universidad de su propio esfuerzo y de una constancia ejemplar. Cada día, para él, era motivo de asimilación de lo desconocido. Penetró con fuerza en ese universo de la noticia a la cual llegó a dominar, pues en su caso, salir del parlamento no era ninguna novedad. El supo improvisar, otro don que es de familia.


Y, la lectura fue pasión y fue verbo. Dejó un enorme tesoro a los suyos como también algunos escritos a través de los reportajes que le hicieran diarios de prestigio como “EL COMERCIO”; la desaparecida “LA PRENSA” de Pedro Beltrán, la revista “MUNDIAL” que cobijaba en sus filas a Luis Alberto Sánchez, amigo personal de Fidel. También “EXPRESO”, “LA CRONICA” y el travieso y desaparecido “ULTIMA HORA”, le aprisionaron en sus columnas porque Fidel era personaje que convocaba y estaba en la capacidad de dar y transmitir mensaje.


Por ello, cuando ocurre su deceso en el lejano, y a veces gélido, New York, toda la sensación de profunda pena nacional se retrata en las informaciones que, sin excepción, salieron de las usinas del periodismo nacional para un hombre integral, peruano como universal. Un hombre que juzgó necesario buscar otros rumbos y fijar como nuevo quehacer Estados Unidos de Norteamérica, donde nada le arredró y donde hizo Perú a través de sus variadas facetas.


Hombre de mundo, valederamente culto, de buen decir, profesional hasta la médula de los huesos, profundamente popular y criollo realmente legítimo, Fidel Ramírez Lazo, desde su llegada a Miami, donde pasó una temporada, supo que las puertas del inmenso país del Tío Sam, se abrirían para él sin necesidad de apelar a llaves extrañas ni favores anticipados.


Recorrió algunos estados, como New Jersey, Washington DC y Oregon, donde dirigiera dos diarios hispanos; pero más tarde fijó su centro de operaciones en New York, donde sólo se triunfa con trabajo y con calidad. Nunca dejó de ser periodista ni renunció a la locución. Supo desplazarse en esas dos direcciones y conquistó el corazón de la urbe de los rascacielos, como el sabor de un seco de cabrito bien preparado o de un ceviche con escencias de limón legítimo.


Fue, Fidel en la vorágine de una urbe en permanente desarrollo, la hormiga laboriosa que estiraba los días para no dejar nada para después, ni estar lamentándose por desperdicio de tiempo. Quizá dio mucho de sí y posiblemente ese ritmo febril de la sostenida entrega le fueron acercando a la fecha en que, todo el mundo, emprende la retirada para estar, en el caso de Fidel, a la vera de Dios.


Cuando se fue, todo era triste. En el lejano New York había quedado el “Cholo Fidel”. Ahí su corazón expresó los últimos latidos y ahí con el nombre del Perú en los labios, emprendió la retirada.


Ahora, después, sus biógrafos no saben dónde, con certeza, nació Fidel; pues un hombre universal, como lo fue él, es el ciudadano del mundo, calidad que sólo pueden exhibir muy pocos.


Juan Ramírez Lazo

Diciembre, 1995

 
     
 

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El Hasta Luego... con Fidel Ramírez Lazo




Y a partir de ese momento perdimos contacto, porque al año siguiente, Fidel, el querido y popular Cholo Fidel, partió para instalarse en New York; pero no dejamos de comunicarnos en el eterno espacio del recuerdo.

Hasta ese día del año 1975, le conocía a Fidel, desde lejos, como animador, especialmente como maestro de ceremonias, con amplio dominio del escenario y manejo de las circunstancias.

El día aquel recordamos con Fidel, su actuación como conductor del programa televisivo ''El Hit de la una'', que se emitía a través de un canal limeño... (Panamericana Televisión). Eran los primeros años de la televisión en el Perú. Fue en ''El Hit de la una'', donde Fidel propuso, empleó y popularizó su famosa frase: ''¡Qué buena mesa!''...

Recién comenzaba la tarde... el mediodía quedó atrás... Hacía casi 24 horas que Fidel nos había invitado para almorzar en el “Restaurante Fidel”, en Magdalena, a los miembros de la comisión integrada por los alumnos Lucas Soriano Quintana, Alfredo Lapoint Figueroa; y yo, como asesor.

Fidel fue informado por nosotros acerca del motivo de nuestra visita, pues estábamos encargados por la Promoción, de ese año, del Colegio Nacional de "San José" de Chiclayo, para contactar con él y algunos otros artistas, a fin de que actúen en el "Gran Bingo Show Sanjosefino"; el que se realizaría con la finalidad de recaudar fondos para concretar una obra en beneficio del centenario plantel.

Ah, Fidel, Fidel... Cómo apoyaba a los suyos, a sus paisanos, a sus coterráneos... No sólo se comprometió para actuar desinteresadamente como Maestro de Ceremonias en dicha actividad, sino que también gestó la participación de Piero Solari, de forma graciosa.

Los cinco nos sentamos a la mesa... Hummm... era el sabor chiclayano. El secreto del sabor, Fidel, lo conocía muy bien... Parece que la buena sazón, para disfrutar la buena mesa, venía en las venas, pues en el norte destacaba la preparación de potajes salidos de las manos de su hermana, Sara Ramírez de Fiestas.

Durante el almuerzo también comentamos acerca de su inicio en el mundo del espectáculo, allá por la década del 40... Aun recuerdo cómo se iluminaron sus ojos, cómo ponía determinado énfasis en la narración de algunas circunstancias, y cómo, con el recuerdo, su rostro denotaba una alegría singular.

El comienzo fue en "la Délcar", como la gente le llamaba a radio "Délcar" de Chiclayo, una de las primeras radioemisoras del país... Rememoramos, entonces, su época de locutor y actor de radioteatro... Fue el momento cuando a la memoria llegaron los nombres de Carlos Montjoy D'Izzala, propietario de la radio, Claudio Baquedano Reyes, el pianista Polo Bedoya (padre de Eddy Martínez), Alejandrina Yoshida y Alberto Sorogastúa Leyva, entre otros.

No hay duda que el "Gran Bingo Show Sanjosefino" de ese año, colmó las espectativas de los organizadores y de los participantes... El espectáculo se disfrutó, como se dice en la jerga taurina, "por todo lo alto"...

El mismo año, gracias a la apertura de mente, espíritu y corazón de Fidel, la promoción organizó otra actividad artística... Esta también se desarrolló en el Coliseo Cerrado Chiclayo; y el éxito artístico se comentó durante buen tiempo después.

Esta fue la última vez que nos vimos y charlamos con nuestro "Cholo Fidel"... Nos dimos la mano, nos abrazamos... y el hasta pronto resonó en el aeropuerto "José Quiñones Gonzales", de la tierra del "Señor de Sipán"...

Y vea usted, lo que son las cosas... El hasta pronto de aquel entonces, se ha convertido en el hasta luego, hasta hoy, en que en Nueva York me he vuelto a unir con su obra...

En su memoria, y en su recuerdo: Gracias Fidel por lo que hiciste por tu tierra, en particular; y por tu Perú, en general... desde dentro y fuera del país...
 


H. Hubert Limo Mendoza
New York, Junio 25, 2005

 
     
 
 
 
From  Hugo Pantoja Tapia <moadid100557@gmail.com>
Date  Wed, 20 Dec 2006 22:52:46 -0500
To  Rendón Ortiz Carlos Alfredo <caro.car.lambayeque@gmail.com>, "Rendón Ortiz Carlos A." <caro_stamb13@yahoo.es>
Subject   
 
     
 

Hola Alfredo nuevamente.

 

Tal como te prometí hace un par de horas, te estoy adjuntando el último Boletín de nuestra institución.

 

Desde ya te autorizo para que se lo reenvíes al gran amigo del Perú, Luis A. Ramírez, Director del "Boletín de New York" en EE. UU., y cuando digo gran amigo es porque ese calificativo inercialmente lo ha heredado de su señor padre y estoy seguro que genéticamente también heredó el Don de señor y caballero a carta cabal como su padre, con todo respeto, el "Cholo" Fidel Ramírez Lazo, hermano del también recordado Juan Ramírez Lazo, a quienes recuerdo con afecto, ahora que vivo en Chiclayo y me afinqué aquí desde que dejé mi Lima "mazamorrera", a la que hoy en cierto modo reemplazé por Chiclayo y Lambayeque, la tierra de los Ramírez Lazo. Ello sin dejar de soñar a mi Lima de los 60 y 70 que se parece muy poco a la Lima del 2000 y 2006 (convulsionada e insegura, dentro de su modernidad).

 

No sabes la gran satisfacción que tuve al apreciar en la web site del "Boletín de New York", en enlace con la trayectoria e historia que se ha compilado alrededor del señor Fidel Ramírez Lazo, durante su paso por la radio y la televisión peruana.

 

Para mí, que soy limeño y practicamente también nací con la televisión peruana (aunque soy un poco joven pues nací en 1957), de todas formas, pude seguir de cerca la TV peruana y recordar a Don Fidel Ramírez Lazo en una serie de programas que me trajeron gratos recuerdos (sobre todo familiares), ahora que hace muy poco perdí a mi madre; pero que juntos nos tocó ver, como el "Hit de la Una" en el Canal 13, que en esa época animó y también interviniendo en algunas locuciones de varias radionovelas (por ello entenderás que al ver esas fotos y la historia del "Cholo" Fidel, hace ya un par de meses atrás, en la soledad de la noche en que buceaba en el internet en mi casa; no pude sino sollozar y derramar algunas lágrimas, pues evoqué mis días de niño y la nostalgia asociada a recuerdos de mi madre en vida, quien como sabes falleció el pasado 22 de setiembre.

 

Bueno, bueno, no sigo, porque otra vez recordaré la TV de esos años; a mi madre, a Don Fidel y me pondré a llorar otra vez, lo que afectaría mi salud como tú sabes y lo que deseo en estos días, es recuperar fuerzas en las vacaciones forzosas que la Administración Pública nos ha impuesto a los empleados del Estado.

 

Para finalizar, desearía que el enlace de Don Fidel en el "Boletín de New York", se perennice por siempre. Esas imágenes y biografía, para mí personalmente, también son parte de la historia (aunque se piense que es sólo de la TV y Radio, pero no es así, pues en ella también se aprecian décadas de nuestra historia republicana), y como tal, deben quedar por siempre para las futuras generaciones.

 

Ese sería mi pedido al hermano Luis A. Ramírez, pues la historia de su señor padre, en la medida en que pasen los años, como el buen vino, será valorada en mayor dimensión y permitirá afianzar más el peruanismo en EE.UU. y por qué no, en el mundo globalizado.

 

Alfredo, un abrazo y saludos

 

Ingº Hugo Pantoja Tapia

Director Regional en Lambayeque del SENAMHI

 
     
 
 
 
 

 

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